los Ovnis existen
y son extraterrestres.

Dr. Joseph Allen Hynek
Astrónomo norteamericano, el “padre” de la ufología.
ARTICULOS
Fenómeno Ovni / Julio 2004
1947 y los ovnis

¿Existen civilizaciones avanzadas en otros mundos? ¿El fenómeno ovni es la prueba de que inteligencias cósmicas visitan la Tierra? ¿Están entre nosotros? ¿Por qué los gobiernos más poderosos del mundo parecen ocultarlo? ¿Saben algo que nosotros desconocemos?

 

 

Los OVNIs existen, y son naves extraterrestres”.
J.Allen. Hynek
Astrónomo y asesor de la
Fuerza Aérea Norteamericana

Diversos investigadores coinciden en que la “Era Moderna de los Ovnis” se inició en 1947. A partir de esa fecha, las más poderosas Fuerzas Aéreas del mundo escudriñarían los cielos bajo una premisa urgente: develar la identidad de aquellos objetos no identificados. Y no era la primera vez que los veían. Ya en la primera Guerra Mundial, aquellas esferas de luz se desplazaron en medio de zonas de combate alertando a los pilotos. ¿Qué eran? ¿Las posteriores conclusiones del proyecto Blue Book de la USAF norteamericana, que sostiene que el mayor porcentaje de observaciones ovni tiene explicación, son ciertas? Hagamos un repaso de cómo se inició todo esto, echando una mirada a los primeros avistamientos, al controvertido caso Roswell, los primeros encuentros cercanos y, sin duda, la posterior conspiración del silencio…


El incidente que lo inició todo


24 de junio de 1947: Kenneth Arnold, a bordo de su avioneta privada, sobrevuela la altiplanicie de Monte Rainer (Washington). Son las dos de la tarde.

De pronto, “algo” le saca del estado de paz que disfrutaba en aquellas alturas. Un brillante fulgor se había reflejado en su aeronave. ¿Qué pudo ser? El aire estaba tranquilo, y el cielo era tan diáfano como el cristal. Inquieto por aquel resplandor, Arnold escudriña su alrededor para hallar, desconcertado, una formación de nueve objetos volando sobre la ladera septentrional izquierda del Monte Rainier. Aquellos objetos se movían a gran velocidad. Cada dos o tres segundos, algunos descendían o cambiaban ligeramente el rumbo. El Sol se reflejaba brillante en ellos. ¿Aviones? No. Arnold se sorprendió al ver que se desplazaban sin problemas muy próximos a la cima de la montaña (insólito y arriesgado para los aviones); además, no guardaban la estructura típica de un avión. Ni siquiera tenían “cola”.

A su regreso, el piloto decidió dar su testimonio a los medios de comunicación, describiendo el movimiento de los objetos como “guijarros arrojados sobre la superficie del agua”. El periodismo, haciéndose eco de la observación, llamó “platillos volantes” al enigma que estaba inquietando los cielos de EE.UU.

Kenneth Arnold no fue el único en vivir esta experiencia. He allí el punto.

Hay que anotar que cientos de personas, de diferentes estados de Norteamérica, llamaron perplejas a diversas dependencias gubernamentales —incluso hasta los bomberos— para dar aviso de objetos extraños que estaban “violando el espacio aéreo” de los EE.UU.

A sólo dos años de haber concluido la Segunda Guerra Mundial, la actitud de la gente era comprensible. Pero no eran naves alemanas o prototipos militares secretos.

Por la seriedad del fenómeno, la Fuerza Aérea Norteamericana (USAF) decidió investigar lo que hoy en día numerosos ufólogos denominan “la primera gran oleada ovni”. Hay que recordar que para su estudio, los militares norteamericanos reemplazaron el término de la prensa amarillista “platillos volantes” por el de ovni (de las siglas en inglés UFO), denominando Objeto Volante No Identificado a los reportes de aeronaves desconocidas. Luego se percataron de que el fenómeno era mundial, y que se estaba incrementando.

 

Indicios anteriores a 1947

Si bien es cierto, 1947 se constituyó en un año “clave” para marcar el inicio de una oleada de avistamientos y contactos, estas experiencias, como sabemos, vienen sucediendo en nuestro mundo desde hace miles de años. Y no exagero. Por ejemplo, hay que tener en cuenta que existe evidencia de “ellos” en antiguas pinturas rupestres, son mencionados además en antiquísimos textos sagrados, y amén de una variedad de cerámicas o tallados en piedra que también representan a aquellos hombres que llegaron del cielo. Pero para muchos, aún existe la controversia.

No obstante, hoy en día, con la aparición de la cámara fotográfica, y posteriormente la llegada de las cámaras filmadoras, el testigo contará con una herramienta contundente para avalar su testimonio. Y no porque el testimonio no sea importante.

En materia de leyes, por la declaración de un testigo, se puede encarcelar a una persona, privándola de su libertad. ¿Por qué entonces no se toma con mayor seriedad el testimonio de cientos de miles de personas que afirman haber visto un ovni? Sencillamente porque es difícil de aceptar. “Aquello” no pertenece a nuestro entorno habitual. Aunque está allí.

 
Paradójicamente, la primera fotografía conocida de un ovni fue lograda por un astrónomo —así como se lee— el 12 de agosto de 1883. La logró el Dr. José Bonilla, cuando se encontraba estudiando el Sol desde el observatorio de Zacatecas, en México. Bonilla retrató una serie de objetos alargados que se desplazaban en el espacio. Hechos como este son una verdadera bofetada al escéptico que muchas veces ha dicho: “si en realidad existen los ovnis, ¿por qué los astrónomos no los han visto y fotografiado?” Hay que informarse mejor. Personalmente, conozco muchos casos modernos similares al de José Bonilla. Pero no todos se atreven a dar a conocer sus descubrimientos por cuidar su prestigio profesional.

Antes de 1947, y contando una vez más con astrónomos como testigos, se dio otro importante incidente ovni. El 9 de febrero de 1913, en pleno Observatorio Astronómico de Toronto (Canadá), los hombres de ciencia allí reunidos contemplaron el paso de un objeto brillante, de intenso color rojo, dirigiéndose del norte hacia el este y con un movimiento paralelo al horizonte. Lo asombroso de este avistamiento es que acto seguido aparecieron otros objetos, volando en grupos de dos, tres y cuatro cuerpos.

También antes de 1947 se registraron las primeras fotografías de los llamados “foo-fighters” o “cazafantasmas”, particularmente a partir de 1930 en que las observaciones se incrementaron. En la Segunda Guerra Mundial, se les dio aquel término a las extrañas bolas de luz que tanto pilotos alemanes como aliados observaron atónitos.

Y aunque los norteamericanos llegaron a pensar que aquellas esferas volantes eran armas alemanas secretas, al concluir la guerra, unos y otros quedaron extrañados al constatar que las supuestas “armas secretas” no pertenecían a ningún ejército…

Esas esferas volantes son conocidas por nosotros bajo el nombre de “caneplas”. Son una suerte de “ojo electrónico” de las naves mayores, como si a través de ellas pudiesen observar todo cuanto sucede en nuestro mundo sin arriesgar la presencia de sus vehículos tripulados. Las caneplas generalmente son pequeñas, similares en dimensiones a un balón de fútbol. Incluso pueden materializarse dentro de un espacio cerrado, como una casa, o “atravesar” una pared alterando la densidad de su estructura. De hecho, se pueden hacer invisibles. Cuando se dejan ver, lucen como intensas luces rojas o naranjas. En algunas ocasiones como esferas blancas muy sólidas. Es una tecnología que escapa a nuestra imaginación.

Pero el incidente ovni que “puso en jaque” a fuerzas militares vendría después. Y a sólo una semana del avistamiento de Kenneth Arnold.

 

La nave de Roswell

Nuevo México, 2 de julio de 1947: una extraña explosión sobresale en medio de la tormenta eléctrica que envolvía la región. Mac Brazel, administrador del rancho Foster —situado entre Roswell y la ciudad de Corona— escuchó alarmado aquel estallido.

A la mañana siguiente, el hacendado se llevó la mayor sorpresa: una zona de aproximadamente un kilómetro de longitud, estaba sembrada de restos de un material que, cuando se doblaba, se volvía a enderezar espontáneamente. ¿Qué era aquello? Por si fuera poco, también había trozos “metálicos” que tenían grabados unos extraños símbolos de color azul. Esas viguetas eran tan livianas como la madera de balsa, y no podían romperse ni quemarse.

Ante este panorama, Brazel decidió tomar unas muestras y llevarlas a la cercana base militar de Roswell —a unos 120 Km. de allí—; inclusive el Sheriff George Wilcox se interesó en el caso al enterarse y notificó también a los militares.

Luego de que el comandante Jesse A. Marcel y Sheridan W. Cavitt —un oficial de contraespionaje— inspeccionaron el lugar y tomaron los restos, el Coronel William Blanchard, sorprendido, ordenó comunicar a la prensa —a través del teniente Walter Haut— que habían hallado los restos de un “platillo volante”. La noticia impactó. Y no era para menos: El Grupo 509 de Bombarderos de la Octava Fuerza Aérea se hacía cargo de esa afirmación.

Era el inicio del escándalo.

Pocas horas después, cuando ya la noticia del objeto recuperado había trascendido internacionalmente, un desmentido oficial es emitido desde la comandancia de Fort Worth, exhibiendo otros restos e identificándolos como pertenecientes a un globo metereológico (!). No se trataba de un vehículo de otro mundo y mucho menos, sino de un globo militar (ver imagen al lado, donde el comandante Marcel sostiene la pretendida evidencia). No hay que olvidar que el propio hacendado del Rancho Foster, Mr. Brazel, se sintió estafado, pues en numerosas ocasiones ya había caído globos en su rancho —la Fuerza Aérea otorgaba en aquel entonces una “recompensa” de 5 a 10 dólares por los restos hallados de esos globos—, sin embargo, lo que se encontró estaba muy lejos de ser un globo… ¿Por qué lo desmintieron?

Mientras todo se prestaba para una gran confusión, lo cierto es que el comandante Marcel había recibido la orden de embarcar los restos del presunto platillo volador en un B-29 y trasladarse con ellos a Wright Field, la actual base militar de Wright-Patterson, en Ohio. A la mañana siguiente se aisló la zona del impacto.

La limpieza del rancho Foster y de sus alrededores, duró una semana. La búsqueda de restos se amplió y, dos días más tarde, se encontró el elemento principal del presunto “platillo volador”. En realidad, el aparato no tenía forma de disco, era un cuerpo triangular similar a un “ala delta”. Lo inquietante es que a sólo 1.600 m de éste, aparecían los cadáveres de unos pequeños seres… El asunto se complica: no sólo se trataba de un artefacto desconocido, sino que había cuerpos. Y estos —he aquí el “detalle”— no eran humanos.

Los nuevos escombros, y los cuatro cadáveres de aquellos pequeños seres humanoides, habrían sido llevados al Hospital Militar de Roswell. Posteriormente se presume que fueron trasladados por avión a la Base de Forth Worth y luego a Ohio para ser sometidos a exámenes científicos.

Luego de todo esto, sólo un profundo y aplastante silencio.

Hasta la fecha, a más de 50 años desde el incidente, muchos ciudadanos norteamericanos consideran que la Fuerza Aérea ocultó la verdad de lo que sucedió en Roswell. Prueba de ello es que se han presentando demandas por congresistas norteamericanos —entre ellos el ex astronauta John Glenn— presionando al Gobierno para que libere documentos clasificados relativos al caso Roswell y a otros incidentes ovni. Es verdad que algunos papeles oficiales salieron a la luz, pero la mayoría de ellos borrosos o, peor aún, censurados.

Se piensa, y con argumentos sólidos de base, que a partir del caso Roswell se ha intensificado una política de ocultamiento e intoxicación de información relativa a los ovnis y su connotación extraterrestre. Quizá porque “alguien” o “algo” considera que la humanidad no está preparada para esta revelación, o sencillamente para mantener al mundo en medio de la ignorancia. Es decir: poseer una información que los demás no tienen, es sinónimo de poder. Y es que hasta han circulado versiones que acusan a la Fuerza Aérea de Estados Unidos de haberse “aprovechado” de la tecnología recuperada en Roswell. Aunque es difícil constatarlo, sin duda Roswell no fue el único incidente en que una nave se estrella en nuestro planeta.

¿Y por qué se estrelló?

La explicación —no menos sorprendente, advierto— está en la llamada “cuarentena planetaria”. Las naves que se han estrellado en nuestro mundo habrían sido alcanzadas por el bloqueo de protección. Probablemente la nave que impactó en Nuevo México —otros investigadores hablan de dos naves recuperadas— fue derribada por la Confederación de Mundos de la Galaxia al ver que no venía con buenas intenciones a nuestro planeta.

Arriba: fotografía de un supuesto ovni, captado en Alagamar, Brasil (2006).

 

Esto quiere decir que la “Guerra de los Dioses”, de alguna forma, continúa, casi como un remedo de los antiguos relatos de la India que mencionan a las vimanas disparando proyectiles de energía.

Pero, ¿por qué el “retorno de los dioses” parece hallarse fechado en 1947?

 

1947: un año “programado”

Existen algunos hechos por demás simbólicos a tener en cuenta. El avistamiento de Arnold ocurrió un 24 de junio, que es la fiesta solar más importante de los incas: el Inti Raymi. Según la creencia, es como esperar un nuevo año, un ciclo diferente. 1947, a dos años de haber concluido la Segunda Guerra Mundial, fue también un momento de importantes decisiones: entre ellas se estaba fortaleciendo la recién creada Organización de las Naciones Unidas, y se planificada el establecimiento del Estado de Israel a través del voto de 33 naciones a favor. Hay que tener en cuenta que tanto la ONU como Israel se encuentran en medio de numerosas profecías.

Tampoco hay que olvidar de que en 1947 se produce el descubrimiento de los famosos Rollos del Mar Muerto. Sus detonantes revelaciones han brindado grandes luces sobre antiguos enigmas cristianos, incluyendo la persona de Jesús… Pero sigamos.

El navegante noruego Thor Heyerdalh, se suma a esta lista de hechos significativos de 1947 al poner a prueba, exitosamente, su hipótesis de la navegación en tiempos remotos haciendo un viaje desde Perú hasta la Polinesia, a bordo de su célebre balsa “Kon Tiki”.

En otra región de la Tierra, el Almirante norteamericano Richard Byrd se hallaba involucrado en una expedición diferente: la operación secreta “High-jump” (“Salto Alto”) en la Antártida. Hasta la fecha aun se mantiene el misterio de esta exploración militar al continente blanco que contó con la participación de 4.000 hombres apoyados con portaviones y poderosos submarinos.

Por otro lado, ese mismo año, se pone en marcha el denominado “Plan Marshall”, destinado a la reconstrucción de la posguerra. Rusia convoca a la Conferencia de Varsovia a los países de su zona de influencia. También comienza la “Guerra Fría” con los EE.UU.

Y un acontecimiento clave más: ese año India y Pakistán obtienen su independencia de Inglaterra.

En el campo científico, es importante mencionar que en 1947, por primera vez, un avión rompe la barrera del sonido. Lo logró el avión cohete Bell X-1. Durante ese año, en los laboratorios de la corporación Bell Telephone, se desarrolla el transistor, un micro dispositivo ideado sobre la base de las propiedades semiconductoras del silicio y el germanio. Este sería un paso decisivo para la electrónica, pues se posibilitaba la rápida iniaturización de los equipos mejorando además su eficiencia. No pocos investigadores sostienen que Bell Telephone se benefició de la ciencia presuntamente recuperada del ovni estrellado en Roswell…

Como sea, todos estos episodios marcan el inicio de la "Era moderna de los ovnis". Desde entonces, se han desarrollado distintos proyectos militares para estudiar a los no-identificados y, también -hay que decirlo-, ridiculizar toda información que pueda sugerir el origen extraterrestre de esos objetos. En todo caso, lo más inquietante, es que la aparición de esos extraños objetos en el cielo sigue viva en nuestros días, y fuerzas aéreas de distintos países del mundo han aceptado que lo investigan, como Canadá, Estados Unidos, México, Perú, Chile, Brasil, Argentina, y naciones europeas como Rusia, Francia, España o Bélgica. Sólo por citar algunos ejemplos.

Empero, lo inquietante no son solo los avistamientos ovni, sino la comunicación con sus presuntos tripulantes... ¿Ello es posible? 

En un próximo artículo, para abordar tan espinoso tema, entraremos en el fascinante y controvertido mundo del contactismo. No estamos solos...

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