los Ovnis existen
y son extraterrestres.

Dr. Joseph Allen Hynek
Astrónomo norteamericano, el “padre” de la ufología.
ARTICULOS
Fenómeno Ovni / Enero 2018
Las “zonas neutrales”: reflexiones sobre los viajes a los nodos planetarios

Dentro del amplio universo de investigación de los “no identificados” hay un asunto que siempre me ha fascinado: el misterio que encierran ciertos lugares en el mundo en donde “ellos” suelen hacerse más presentes. Más allá de la denominada “ovnilogía clásica” –entrevistas a testigos de alta credibilidad, como pilotos de guerra o astronautas, análisis de fotografías, vídeos, o documentos oficiales relativos a los ovnis–, mi trabajo estuvo más orientado hacia esa exploración y estudio de los enclaves de poder. Y no por casualidad: nací en un país abundante de misterios como lo es el Perú. Así, los primeros lugares que recorrí fueron importantes centros sagrados en los Andes. Como ya he dicho antes, ese proceso fue una verdadera preparación para lanzarnos hacia otros destinos en el mundo.

 

Lugares de contacto y objetos de poder

Tal vez uno de los centros sagrados más famosos de la Tierra sea “Shambhala”. Famoso pero esquivo, pues nunca se ha podido encontrar ese reino imposible en el corazón del desierto de Gobi. No obstante, los budistas siguen creyendo de que se trata no solo de un lugar “simbólico”, sino de un secreto oculto a los ojos del profano.

He viajado en distintas ocasiones tras su huella en Asia Central. Y aquí debo decir de que el diario de viaje del explorador y humanista ruso Nicholas Roerich fue una base importante para adentrarme en los misterios del desierto de Gobi que el creador de la “Bandera de la Paz” recorrió en su célebre expedición de los años veinte. Como recordamos, de todo ello surgió el poderoso símbolo de Chintamani: “la piedra de la creación”  o “la joya que potencia tu capacidad de crear lo que crees” (Chinta en sánscrito significa “pensamiento profundo”; Mani significa “Joya Preciosa”). La leyenda cuenta de que ese objeto cósmico llegó de Orión, sobre el lomo de Lung-Tah, el caballo de los vientos. Luego, de este objeto surgieron tres pequeñas piezas que se dispersaron por el mundo, mezclándose con los hombres, como si tuviesen vida propia y pudiesen “transmitir” al cuerpo madre del que salieron todo cuanto iban recolectando en la superficie.

Arriba: cuadro de Roerich que muestra a Chintamani con sus tres fragmentos en su interior sobre el lomo del Caballo Blanco Lung Tah (1933).

Arriba: el autor al lado de una representación de Lung Tah con Chintamani en su lomo (desierto de Gobi, Mongolia, 2016).

En mi breve ensayo “Uku Pacha, el mundo subterráneo de la Hermandad Blanca” (Buenos Aires, 2002), asocié esa piedra de Chintamani con la Diosa Umiña de los incas –“esmeralda”, en quechua–, y por si ello fuera poco con la mismísima leyenda del santo grial: según la tradición medieval, un cuerpo verde brillante que cae a la Tierra luego de una batalla de ángeles en el cielo…

Como fuese, el cuerpo principal de Chintamani yace oculto en el reino subterráneo, y sus tres piezas menores siguen recorriendo el mundo; por momentos “descansando” en importantes centros de poder como supimos ocurrió en el pasado en Isla de Pascua –el “mana” es una pista–, las selvas del Paititi o una presunta ciudad perdida bajo los hielos de la Antártida. La contradicción que encuentro en las informaciones que algunos grupos de contacto o investigadores de Chintamani manejan se halla, precisamente, en la ubicación de esas misteriosas piezas. Y es y será así porque, como digo, estas pequeñas “piedras” van rotando sus emplazamientos.

 

Las Deer Stones que vio Roerich

En una nueva expedición al desierto de Gobi –agosto de 2016–, recibimos el “encargo” de volver a las montañas del Altái, pero no hacia la región de Siberia que ya habíamos explorado, sino hacia el sector mongol en donde los primeros chamanes identificaron unos poderosos nodos de fuerza que “marcaron” con unos curiosos menhires, conocidos como “Deer Stones” (Piedras del Ciervo). Hay cientos de estos centros sagrados en el oeste de Mongolia, cumpliendo diferentes funciones, tan distintas como marcar el enterramiento de un importante personaje o clan familiar, o, como digo, señalar una zona sagrada…

Encontramos entonces un vínculo entre este misterio con otro centro de poder que conocí en el Perú: las selvas del Paititi. Fue así que, hace dos años, surgió en las arenas del Gobi este importante viaje que nos llevará en el mes de agosto de este año 2018 al corazón de Asia Central y a los bosques sagrados del Manú en el Perú, un enclave que visité en tres ocasiones y que me permitió conocer, cara a cara, a uno de sus extraordinarios guardianes…

Como digo, aunque desde 2016 he difundido públicamente los planes de estas dos expediciones, los detalles los guardaré para el final. Naturalmente, solo cuando completemos este trabajo, podré ampliar la información.

Por lo pronto añado abajo un hermoso cuadro de Nicholas Roerich, llamado “The Black Gobi”, en donde muestra uno de estos centros de poder en Mongolia.

"The Black Gobi", Roerich, 1928.

 

“Zonas Neutrales”.

Este tipo de lugares se conocen como “zonas neutrales”. Son puntos muy específicos en donde coexisten múltiples realidades y se modifica el protocolo de acercamiento de “ellos”. Distintos grupos de contacto conocieron este secreto y fueron en búsqueda de esos vórtices. Uno de los casos más célebres en la rocambolesca historia del contactismo fue el del grupo de la norteamericana Dorothy Martin –más conocida como Sister Thedra–. Sus seguidores viajaron, en los años cincuenta, desde los Estados Unidos al Perú para investigar el muro de Pusharo en el ya citado Manú y la altiplanice de Marcahuasi en los Andes, anticipándose a lo que décadas más tarde harían grupos de contacto de Latinoamérica. Fue, sin dudas, una innegable influencia. Pero otro asunto es lo que pasó con el grupo de Thedra: devino en una secta que llegó a anunciar el “Fin del Mundo” para el año 1955… Ese es el fantasma que siempre planea en los grupos de contacto cuando se pierde el sentido común y se abona un terreno fértil para el fanatismo. En el mejor de los casos, muchos de estos grupos terminan dando vueltas en un círculo vicioso en torno a los viajes de contacto y una auténtica cacería de experiencias.

¿Cuál es la línea que separa la investigación honesta de esas otras realidades del delirio de ir en búsqueda de algo “alucinante”? ¿Acaso el encuentro cercano más importante no era con uno mismo? ¿Por qué ir tras una “Zona Neutra”?

Desde luego, hay que separar el grano de la paja y no poner todo en el mismo saco.

En un reciente seminario relativo a nuestras investigaciones del fenómeno ovni y el contactismo que me organizaron en el sur de Chile, charlamos mucho sobre este asunto de los viajes a enclaves de poder y su evidente vínculo con los “no identificados”. Lo hicimos en el mejor contexto pues el predio que ocupábamos se hallaba enclavado en un valle rodeado de volcanes y abrazado por interminables bosques nativos de origen milenario. Allí intentamos un contacto y “ellos” respondieron con distintos avistamientos, con interacción incluida y hasta algunos mensajes telepáticos. Suena increíble relatar este tipo de experiencias, pero en este grupo de noventa personas había “gente normal”: médicos, psicólogos, ingenieros, artistas, informáticos, docentes, amas de casa, de todo. Los detractores del fenómeno ovni suelen argumentar de que quienes viven estas experiencias son borrachos o gente inculta que puede confundir Venus con un nave alienígena. Aunque ciertamente en este mundillo hay de todo, el contexto de lo que vivimos en Chile era el más aterrizado posible. Pues bien, en los mensajes recibidos se nos remarcó lo que ya veníamos difundiendo: agosto de 2018 marca un nuevo momento. ¿Para qué y para quién? Según “ellos”, para todos los que han venido realizando ciertas tareas en estas extraordinarias  “Zonas Neutras”. Algo poderoso y trascendental viene.

Arriba: nuestro campamento en Pu-Am Eco Lodge, en el sur de Chile, en donde tuvimos hermosas experiencias de contacto.

El sábado 27 de enero, durante nuestro seminario, Catalina Franco de Chile tomó está curiosa fotografía. En el bosque no había nada que pudiese generar esa luz. La imagen fue lograda con un teléfono celular Motorola (Moto G 4), accionado en la intemperie, sin ningún tipo de cristal o elemento entre Franco y el objeto fortuitamente captado, lo cual descarta un reflejo o distorsión. ¿Una sonda de "ellos"? 

 

Para entender todo esto de las "Zonas Neutras" en su mejor contexto, comparto aquí un extracto de un colectivo de mensajes que se recibieron en otro lugar de poder: el Cerro Uritorco.

“Los centros planetarios son lugares en donde la Tierra respira. El espíritu de la gran madre sabe en qué parajes fluir, marcando zonas como “ventanas de contacto” con su vientre. Los antiguos humanos adquirieron este conocimiento al vivir en su regazo. Fue una revelación adquirida por ellos mismos al caminar descalzos en la roca y los verdes pastos, al recorrer desolados desiertos o alcanzar la cumbre de inhóspitas montañas. Luego esta revelación fue asistida por nosotros. Contactamos a los hombres que consideramos adecuados para guiar a los demás. Los antiguos comprendieron que esos lugares tenían que marcarse para no ser olvidados, ya que la vida del hombre en la Tierra es efímera, corta, y el aliento de la madre duradero. Así, aquellos iniciados tallaron la roca, plasmaron figuras y pinturas, y en diversos casos llegaron a construir templos, levantando pirámides e irguiendo menhires y obeliscos en donde otrora sus ancestros descubrieron el viento que fluye. Elegimos estos parajes como puntos de contacto y comunicación.

Cada uno de estos centros es semejante a las corrientes de luz vital que recorren, en lo sutil, el cuerpo humano. Como saben, donde estas corrientes se unen o entrelazan, se forma un nodo. Estos nodos, más allá de nuestra presencia, son centros de preparación que actúan por sí solos debido a su naturaleza energética. El viento sopla cuando el peregrino cierra sus ojos, y cesa cuando éste los abre ansioso de respuestas. Acaricia cuando no hay agitación. Y golpea cuando se está en silencio. Sana. Ordena. Lleva todo a su perfecto origen.

Estos centros también son portales de conocimiento. En ellos reposan importantes archivos de viejas civilizaciones humanas y seres de otras estrellas y dimensiones. No todos estos archivos son físicos, como metales con signos o cristales materiales; hay “recipientes de luz” de dimensiones subatómicas que pueden contener todo lo escrito por el hombre en la historia del planeta. Ningún ser humano puede acceder a los registros completos de esta información mientras permanece en aprendizaje en su cuerpo físico. Pero podría conectar, en ciertas condiciones, con fragmentos de esta información, con el propósito de obtener guía y sabiduría para su labor de servicio…” (Tomado del libro “Las Enseñanzas de Erks”, Ricardo González, ECIS Publicaciones, Buenos Aires, 2017).

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