los Ovnis existen
y son extraterrestres.

Dr. Joseph Allen Hynek
Astrónomo norteamericano, el “padre” de la ufología.
ARTICULOS
Fenómeno Ovni / Enero 2016
Witaikón: los guardianes del Uritorco

Uno de los casos más extraordinarios en el contactismo es la manifestación de “esferas de luz inteligentes”. Lo inquietante es que en muchos casos no se trata de aparatos o tecnología de origen extraterrestre, sino de entidades, seres cósmicos que se aparecen en lugares concretos e interactuan con los testigos. Capilla del Monte, el pueblo místico de la Argentina, es uno de los enclaves que atesora ese tipo de encuentros. Yo mismo he vivido esa experiencia con los denominados “guardianes de Erks”.

 

Ceremonias de contacto en Los Terrones

Es importante empezar estas líneas haciendo un breve repaso de los hechos de contacto más relevantes en Capilla del Monte.

Lo que nadie discute, es que los primeros “contactados” con esas “luces” fueron los nativos locales, los comechingones, una etnia legendaria de las sierras de Córdoba. Ellos descubrieron el misterio del Uritorco. Más tarde, en la década de 1940, el profesor Guillermo Alfredo Terrera, catedrático de la Universidad de Córdoba y profundo esoterista, se adentró en estos temas y fue el primer escritor en hablar de los entresijos intraterrenos de Capilla del Monte y el contacto con sus esquivas “luces cósmicas”.

Pero fue en los años 80 cuando explotó todo. Primero, el encuentro ovni de doña Esperanza Gómez y su familia. Fue un día de verano, exactamente el 9 de enero de 1986, cuando los Gómez contemplaron un objeto brillante en el cielo que emitía una intensa luz rojiza. Luego, al día siguiente, constataron atónitos la aparición de una gigantesca huella oval en las faldas del cercano cerro El Pajarillo. Un caso polémico que hasta el día de hoy divide las aguas entre detractores y creyentes del paso de la presunta nave. Como haya sido, ese incidente terminó de poner a Capilla del Monte en el mapa ufológico mundial. En medio de estas experiencias, en pleno auge de grupos de contacto en la zona, destacan las incursiones a Los Terrones, un bosque de piedras areniscas que, por sus caprichosas figuras, invita al misterio y a la especulación. En ese lugar, el médico argentino de origen griego, Ángel Cristo Acoglanis, acompañado de un grupo de seguidores, entraba en contacto con “las luces de Erks”.

Ricardo González en Los Terrones

 

Aquellas luces eran entidades cósmicas que se proyectaban desde su base secreta bajo el cerro Uritorco. Los Terrones era una suerte de “puerta dimensional” que permitía el contacto.

Una forma de interactuar con esos seres lumínicos –que incluso fueron fotografiados– fue a través de prácticas de mantras y meditación. Los mantras eran una colección de palabras en “irdin”, una lengua cósmica que, se supone, conocieron los ya citados comechingones. Esos mantras no surgen en Capilla del Monte, están presentes en toda la historia del contactismo, desde los años 50 en adelante.

 “Nos dan la bienvenida”, decía, satisfecho, Acoglanis, al ver que esas luces cósmicas se manifestaban luego de entonar los mantras secretos. Las esferas de luz descendían del cielo, rodeaban la montaña, los árboles y la vegetación del lugar en una manifestación fantástica que, en la mayoría de los casos, motivaban a que muchos de los presentes rompieran en llantos de emoción y otros cayeran desmayados al piso.

En contadísimas ocasiones, en medio del despliegue de luces que rodeaban el lugar donde se encontraban los invitados, de la profundidad del valle comenzaban a emanar rayos de luz de distintos colores y en forma mágica: se materializaba la ciudad de Erks…

De acuerdo a los testigos, la “ciudad fantasma” era de grandes dimensiones, surcada por canales secos por donde se desplazaban energías luminosas que semejaban bolas de un brillante color blanco. En lo que sería el centro de la ciudad, emergía una cúpula. En ese templo, “El Templo de la Esfera”, se encontraban los ancianos sabios del universo. ¿Era real? ¿Un holograma de la base que existe bajo Los Terrones y el Cerro Uritorco? ¿Quiénes son los habitantes de esa “ciudad”? ¿Por qué están allí?

Se calcula que entre 1984 y 1989 muchas personas participaron de estas experiencias de contacto con los seres lumínicos de Erks. Pero el contacto ha continuado. Y hoy está nuevamente activado como en aquellos legendarios tiempos.

 

La Ciudad de la Flama Azul

Debo decir que hay muchas teorías e interpretaciones sobre Erks. La mayoría de ellas –salvo la infantil hipótesis de un bunker nazi bajo el Uritorco–, coincide en algo: su origen no es humano. Y “Erks”, aunque es la denominación más extendida, no es el nombre de esa ciudad intraterrena. Es solo la abreviación de un juego de palabras que reúne un mensaje: “Encuentro de Remanentes del Kosmos Sideral”. Eso es lo que significa “Erks”. No es el verdadero nombre, pero indica el origen y misión de esa instalación “no-humana” bajo el cerro Uritorco: la reunión de seres de otros mundos en una base pensada para impartir enseñanzas espirituales al ser humano. En suma, un centro de preparación.

Acoglanis la llamaba, en realidad, la “Ciudad de la Flama Azul”. Y afirmaba que no todas las luces que se avistaban en Los Terrones o el Uritorco eran naves sólidas, sino, como ya vimos, “seres”, entidades cósmicas en estado de proyección. Entre ellas se hallaban Witaicón, Maia, Tokor, Epanticuama, Sikuma, o el propio Sarumah, el ser que canalizaba Acoglanis y que confundió a muchos, pensando de que el propio Ángel, era ese ser.

Los comechingones habían visto esas “luces”; o para decirlo de otro modo, a esos seres de luz, que se proyectaban desde el interior de la “Ciudad de la Flama Azul”. De acuerdo a los datos que reunimos de los contactos, cada ciudad intraterrena vibra con una energía o frecuencia, siendo la de Erks el color azul, que se relaciona al cosmos y al propio campo de fuerza o aura magnética de la Tierra.

Sobre la ubicación de Erks, el lector se sorprenderá, pues no sólo se relaciona con Capilla del Monte. Es, en realidad, una mega instalación subterránea que involucra otros centros de poder en el norte Argentino, abarcando La Rioja, San Juan, Mendoza y Catamarca.

Erks, o la Ciudad de la Flama Azul, es sólo uno de tres centros de poder, que involucran una gran instalación intraterrena de la esotérica Hermandad Blanca. La “triangulación”, pues, sería: Erks (Córdoba), la ciudad subterránea de Ankar (Talampaya y Valle de la Luna, en La Rioja y San Juan), e “Isidris”, nombre místico que se acuñó para describir un retiro intraterreno en Mendoza. Todos ellos responden a un centro mayor intraterreno que abarca Cusco en Perú y el Lago Titicaca. Tiene que ver –según nuestras expediciones hacia esos enclaves y los datos reunidos– con Tiahuanaco, la historia perdida de los incas, y la leyenda de Paititi. Y, a su vez, esos centros intraterrenos “responden” a un Consejo Cósmico que los “Diarios de Erks” mencionan como “Gobierno Celeste Central”; sin duda, una referencia a la “Confederación de Mundos de la Galaxia” que se conoce en el contactismo.

Los “Diarios de Erks” afirman:

“Los auto-convocados de la Llama Azul, serán reconocidos por los frutos de su entrega, y surgirán con el despertar del consciente derecho como sintonía de la programación de la consciencia del sol de Mahiuma, vuestro regente solar.

En el programa tendrán testimonios vivientes de la era de la Luz Dorada, pero vosotros estáis en el programa de la Llama azul, que responde al gran plan de la Era que se llevará a cabo. Éste no será entonces una obra exclusiva nuestra, sino que será compartida por los autoconvocados para la Nueva Era.

Erks, no permanecerá para ese entonces oculta a vuestros ojos, y se elevará como sucede por las noches de encuentro con su iluminación, donde la Luz Dorada responde al Templo de la Esfera; es decir, que solamente veis una pequeña parte del gran reinado de la Llama azul.

Esta ciudad es ya la sede del centro Iniciático Mayor, y del despertar de la nueva espiritualidad cuando todos los auto-convocados estén integrados. Entonces nuestra tarea habrá concluido, como sucedió en su momento con el antiguo centro mayor Shambhala.

Y así, los actuales pobladores de Erks volverán a sus mundos superiores, una vez cumplido nuestro cometido. Vosotros los recordarán como lo hacían los mayas y los aztecas con sus veneraciones al regente solar, de allí que sus rituales eran dedicados al dios inca Inti (Dios Sol). Recordarán la obra emprendida para el planeta Tierra por los Señores del Cosmos”.

 

De acuerdo a estas controvertidas canalizaciones, los fundadores extraterrestres de los centros intraterrenos empezarán a volver a sus mundos de origen una vez concluya la misión de sembrar las bases de un conocimiento en toda la humanidad. Es decir: el hombre tomaría la posta, el encargo de la luz misma por parte de la Hermandad Blanca. Las ciudades intraterrenas, entonces, serían enclaves de un recuerdo ancestral, perdido en las estrellas, que debe heredar el hombre de la Tierra.

De hecho, los “Diarios de Erks” describen a la Ciudad de la Flama Azul como un centro de preparación para tal cometido. Una instalación extraterrestre que cuenta con “Tres Espejos Cósmicos”:

 

“Hace aproximadamente 21.000 años, el Consejo de la Llama Azul decide la construcción de la Ciudad de la Llama Azul, preparada para el despertar de estos tiempos.  Allí sería el centro iniciático de los  cósmicos remanentes del kosmos sideral, para el encuentro. De allí que en las revelaciones al auto-convocado se les informe de la ciudad subterránea, conocida con el nombre de Erks. Es una ciudad esférica, emplazada dentro del círculo montañoso elegido por el Consejo de la Llama Azul, dotada ésta del sistema de espejos.

El espejo de alcance medio, que responde a nuestro regente solar Mahiuma en representación, emite una permanente llama azul;  hoy, después del Concilio Intergaláctico, celebrado por  la  Confederación Universal, estando representadas todas las  civilizaciones  superiores que  responden  al gobierno celeste central, se decide activar el sistema de intercomunicación galáctica a través de los espejos.

A la Ciudad de la Llama Azul,  o Erks, conocida por los esotéricos auto-convocados por el regente Sikuma, arriban los hermanos de la flota enviada por la confederación celeste; su misión encomendada es controlada por los espejos instalados en Erks para responder en información a las delegaciones especiales de distintas constelaciones solares fuera del regente solar del planeta Tierra.

Nuestra hermandad de la Llama Azul activa entonces el generador  del programador; por este sistema se contactan los espejos que informan a los seres espaciales desde el consejo de la sexta dimensión; están guiados a su vez por los Maestros interplanetarios en diferentes jerarquías de misión.

La  etérica ciudad,  es poblada por las numerosas jerarquías que en misión desarrollan una actividad encomendada por la  Confederación responsable de la recuperación del planeta Tierra…”.

Una de las "luces de Erks" es fotografiada en Los Terrones por el periodista argentino Roberto Villamil. La luz parece formar una silueta humanoide.

 

Desde luego, este relato parece sacado de una mente imaginativa, abundante de términos extraños y referencias imposibles de corroborar. Pero, ¿si fuera cierto? ¿Si más allá de esa prosa mística y enrevesada hubiese un conocimiento de fondo real? De lo que no hay duda, es que los “Diarios de Erks” fueron la base de los libros del escritor brasilero Trigueirinho, y de otros investigadores y místicos que acudieron al Uritorco y empezaron a difundir todo tipo de historias sobre Erks. Hoy en día, hay más de un “Portero de Erks”: muchas personas afirman ser las herederas de los contactos del Uritorco y tener la llave secreta que permite el acceso a la ciudad intraterrena. Capilla del Monte parece encaminarse a un pueblo “New Age”. Una especie de punto de reunión de creyentes en ovnis, místicos, bohemios, mochileros, aventureros, y personas de todo tipo que tienen las más diversas interpretaciones de lo que Erks significa. Pero el misterio es real.

Penosamente, el relato de los Diarios de Erks –tan cargados del misticismo propio de la época–, a pesar de su importancia, no aportan más detalles que puedan permitir una comprobación de sus aseveraciones. No obstante, las “luces” siguen moviéndose sobre nuestras confundidas cabezas. Luces que, como ya dije, han sido vistas y fotografiadas. Luces que, se supone, son “entidades cósmicas” de Erks.

 

Un encuentro con Witaikón

Han transcurrido más de veinte años desde que empecé a recibir mensajes telepáticos de seres extraterrestres. Mensajes que luego fueron corroborados a través de avistamientos programados, primero teniendo a miembros de mi familia como testigos, y luego a diversos grupos de personas en el mundo, incluyendo periodistas y reconocidos investigadores ovni. En todo este tiempo he podido vivir extraodinarias experiencias, incluyendo contactos físicos con los seres que nos contactan. Seres como nosotros, de carne y hueso, pero más evolucionados, y procedentes de lejanos astros y otras realidades.

Fue en 1998 cuando viví una de las primeras experiencias de contacto con un ser de luz. Es decir, con una entidad que no posee cuerpo físico, que está “construida” de energía pura. Me ocurrió en una cueva de la misteriosa “Zona X”, en Cusco. En ese contacto no estaba solo. El chamán cusqueño, Sergio Cáceres Huamán, vio también a la entidad, brillante y erguida en medio de la cueva. En aquel contacto recibí un poderoso mensaje personal que atesoro en mi corazón. Más tarde, en lugares de poder como la Cueva de los Tayos, Monte Shasta, o la estancia de la “Aurora” en Uruguay –luego de compartir con su dueño, el recordado Ángel María Tonna–, repetí la misma experiencia de hallarme ante seres de luz.

No tuvo que pasar mucho tiempo para comprender que esas entidades cósmicas de energía formaban parte del mismo “programa” de contacto que involucraba a los seres físicos que ya había visto, como Antarel, Ivika o Alcir. Incluso, Antarel, el ser extraterrestre de Alfa Centauro, se presentó en una ocasión en Talampaya, ante varios testigos, al lado de una esfera de luz que correspondía a Maia, una de las entidades asociadas a Erks.

El día de hoy, 1 de enero de 2016, en que escribo estas líneas desde un retiro en la localidad de Bonao, en República Dominicana, recuerdo con emoción la más reciente experiencia que viví con esos seres de Erks, tal y como Terrera y Acoglanis reportaron décadas atrás.

Fue el 7 de diciembre de 2015, en Capilla del Monte.

Un grupo de treinta y tres personas nos habíamos reunido en un lote que adquirimos con mucho esfuerzo para construir allí, en el futuro, el Centro Roerich, un espacio de difusión de la obra del humanista y pintor ruso Nicolás Roerich. El 5 de diciembre se había izado la Bandera de la Paz en la plaza principal de Capilla del Monte, en un evento oficial del Comité Internacional de la Bandera de la Paz –una prestigiosa ONG internacional, distinguida por las Naciones Unidas por su trabajo por la Paz–. Como miembro del Comité, y coordinador del mismo en la Argentina, tuve el honor de formar parte de la organización de ese evento mágico y extraordinario, que tuvo enorme concurrencia en el pueblo y una gran repercusión.

Dos días más tarde de este acontecimiento, estábamos reunidos en el predio del futuro Centro Roerich para realizar una meditación de contacto. Nuestra intención era consultar a los extraterrestres por los siguientes pasos a seguir.

Entre ellos, los relativos a la recepción de una información de relevancia que simbólicamente se denomina “Las Enseñanzas de Erks”. De acuerdo a lo que nos dijeron en contactos previos en Talampaya, esta información complementaría conocimientos ya entregados como “Los Diarios de Erks” y las “Leyes de Erks”. La información había sido entregada en lo que estos seres denominan procesos de “impregnación”. Eran tres momentos. Uno se había dado en enero de 2015, en Talampaya, luego del multitudinario encuentro mundial de meditación en Quebrada de Luna. El segundo, también en Talampaya, en el mes de octubre. Y el tercer momento se había concretado con el izamiento de la Bandera de la Paz.

Durante la meditación de contacto del citado 7 de diciembre, sentí la necesidad de escribir. Podía percibir que me hallaba acompañado de una energía muy fuerte. Una “fuerza” que, de inmediato, se presentó con el nombre de “Witaikón”:

 

Soy Witaikon:

Estoy al mando de las tareas de ayuda. A difundir el conocimiento. Angrar y Maia me acompañan. Sikuma asiste los programas en Tierra. Maikuma, Kitiuma, Epanticuama, Nahualkuma, Enrimi, entre otros, inician al caminante en la conciencia. Tokor está a cargo, actualmente, de los Tres Espejos en el Templo de la Esfera.

Nuestra realidad es más interdimensional que física; al menos en lo que respecta a la percepción humana. Sin embargo, si vibran adecuadamente, nos podrán ver, sentir y escuchar.

El tercer y último paso de impregnación de conocimiento se dio el 5 de diciembre. Se inició con la lluvia. Y se culminó cuando izaron el Símbolo Cósmico aquí…

 

Durante esta psicografía, Witaikón me mostró una serie de trabajos en el futuro, y me acercó indicaciones para la materialización de la información que se publicará, libremente, después de agosto de 2016. Será en esa fecha y no antes porque es imperioso sellar una gravitante tarea en el Altái y el desierto de Gobi: dos expediciones simultáneas por la paz, que serán acompañadas de una meditación global por el futuro planetario. Es un enorme compromiso que hemos aceptado y que llevaremos adelante en representación de todos.

“Ahora ven, que necesitas verme”… me decía Witaikón, al final del contacto telepático, mostrándome un lugar concreto del terreno en donde nos encontrábamos.

Sin pensarlo mucho, me puse de pie y raudo me aproximé al lugar.

Estaba emocionado y algo nervioso, a pesar de haber enfrentado este tipo de experiencias en el pasado.

El cielo estaba estrellado, y se veían imponentes las siluetas del cerro Uritorco y Las Gemelas. Fue entonces cuando dos pequeñas luces se acercan hacia mí. Me detuve y las observé tranquilo, analizando lo que podría ser. Falsa alarma: se trataba de un zorro. Sus ojos brillando en la noche llamaron mi atención en un primer segundo. Por si ello fuera poco, luego surgió otra luz, pero solitaria, moviéndose erráticamente muy cerca de mí. No tardé mucho en constatar de que era una luciérnaga… ¿De qué se trata todo esto? ¿De un “test”?, ¿De un “acondicionamiento” de mis reacciones? –me decía–.

Acto seguido, en el cielo se “enciende” una luz: un objeto muy brillante, que empezó a moverse en dirección a Las Gemelas. Claramente era una nave. Entonces, a lo lejos, a baja altura, surge otra luz, como una esfera blanca azulada, que se desplazó como si un pintor estuviese agitando su pincel a mano alzada. Instantes después, desapareció. Sencillamente, se “apagó”.

Y, ante mi sorpresa, escucho una voz mental, clara y firme, que me dice “Soy Witaicón”, y la luz vuelve a aparecer, pero mucho más cerca de mi ubicación…

El corazón me dio un vuelco y empecé a vibrar de los pies a la cabeza…

La luz, finalmente, se había “encendido” a pocos metros frente a mí… Una hermosa e indescriptible esfera de luz blanca con ligeros bordes azulados… Preso de mi emoción y con la respiración agitada, vi cómo esa luz se estiraba hacia arriba y hacia abajo, como si fuese elástica, y formaba, claramente, una inmensa figura humanoide… Una silueta de energía, que no permitía ver rasgos o detalles del rostro del ser.

“Yo no soy así… –me dijo Witaikón–, pero me presento de esta forma para que sientas el acercamiento como algo familiar. Es para que no dudes de que estamos aquí…”

Entonces se “esfumó”, y su “partida” dio paso a unas imágenes extraordinarias que, de momento, me las reservaré por tratarse de instrucciones muy específicas con el proyecto del Centro Roerich y futuros trabajos y experiencias en Capilla del Monte.

Al volver con el grupo, compartí el contacto y leímos los mensajes que cada uno había recibido durante la meditación. Los muchachos también vieron la nave que me acompañó durante la experiencia. Y no fue la única, ya que durante el tiempo que compartíamos todo lo vivido, tuvimos una verdadera “fiesta” en el cielo: un avistamiento detrás de otro, algunos volando en formación, otros “estacionados”, detenidos sobre nuestra ubicación, pero respondiendo nuestras preguntas mentales con intensos resplandores. Una interacción hermosa e inolvidable. Estábamos tan compenetrados con esta experiencia, que a diferencia de otras ocasiones, en esta oportunidad, no nos preocupamos de registrar los avistamientos. Teníamos cámaras y filmadoras. Pero a nadie se le ocurrió filmar. El momento que estábamos viviendo tenía a nuestra mente y al corazón en otro lugar…

Ciertamente, luego del izamiento de la Bandera de la Paz en Capilla del Monte, algo increíble ocurrió. De hecho, los siguientes días al izamiento hubo mucha actividad ovni, reportada desde distintos puntos del pueblo. Como ya dije líneas arriba, el contacto con los guardianes de Erks, continúa, y se profundiza en esta nueva etapa.

Con parte del grupo en el predio del futuro Centro Roerich. Allí se dieron las experiencias.

 

Un ovni fortuito se "cuela" en la foto, tomada por un teléfono celular. Fue horas antes del encuentro con Witaikón. Lo descubrimos después del contacto. No es un avión, ave o insecto. Claramente se trata de un objeto lenticular.

 

Luego de que compartí esta experiencia en una disertación que ofrecí en Fundación Columbia de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires, un asistente me envió a mi correo electrónico un extracto del libro “Saruma, un ser cósmico”, obra del profesor Terrera.

Cuando lo leí, sonreí y una emoción muy grande me abrazó. Les comparto el texto:

 

“Witaicón, el supremo de la mitológica ciudad de Erks, es visualizado cuando navega por el cielo del Uritorco, Ongamira, Los Terrones o San Marcos Sierras y en muchas oportunidades, es observado surcando el espacio, en diversas localidades de Argentum y de remotos parajes de Surarmórica.

Cuando Witaicón toma corporeidad, tiene dos metros con cuarenta centímetros de altura, delgado; viste de larga túnica y no posee ninguna facción en su rostro: al aparecerse, pone mano izquierda sobre el plexo solar, y estirando la mano derecha, en el clásico saludo del Solsticio, dice con voz pausada y normal: Yo soy Witaicón. Si después de su saludo solar, impone la mano derecha sobre la cabeza de uno de los presentes, se siente un alto grado de energetización.

En el barrio de San Telmo de la Capital Federal, en un salón rodeado de árboles, donde dábamos clases, el sacerdote Witaicón fue invocado insistentemente por mantras cósmicos y sonidos de percusión, en medio de una gran tormenta eléctrica, cuyos truenos daban pavura y la luz de los relámpagos iluminaba el salón con sus luces amarillas. De pronto se visualizó un destello fortísimo que pasó delante de casi los cincuenta alumnos que estaban en clase y Witaicón se corporizó en una de las esquinas del salón, frente a los asistentes, y todos pudieron observarlo, como un ser delgado, de gran altura, cubierto por una túnica de tela, pero sin facciones en su cara, que levantando el brazo derecho en el saludo solar, exclamó: Yo soy Witaicón, y en un instante desapareció del lugar...”

Sin ninguna duda, “ellos” no han vuelto. Siguen aquí…

 

Ricardo González

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