Mira al cielo y
aprende de ellos...

Albert Einstein
EDITORIAL ABRIL
Ética y contactos cósmicos

El vuelo desde Santiago de Chile a la ciudad de Córdoba transcurrió sin sobresaltos. En el aeropuerto me aguardaba Alejandro, un amigo de Capilla del Monte que nos llevaría hasta nuestra casa, en las mágicas sierras del cerro Uritorco. Mientras el coche recorría el serpenteante “camino del cuadrado” –un atajo en medio de las montañas, que acorta el viaje hasta la ciudad de La Falda–, nos sumergimos en una profunda charla sobre los avistamientos de luces anómalas en el valle de Punilla. Además del célebre cerro Uritorco, lugares como “Los Terrones”, “Ongamira”, “Puertas del Cielo” o “Cuchi Corral” se han convertido en verdaderos “miradores” de los ovnis que irrumpen en las noches diáfanas y estrelladas, con decenas de testigos que se agolpan en estos enclaves para intentar contactar con alguno de los “seres de Erks”.

Ya he hablado antes de las “luces”. Es un “fenómeno” auténtico. Pero otra cosa es afirmar que cualquier objeto que no pudo ser identificado se trataba de una nave extraterrestre.

Durante nuestro viaje a Capilla del Monte hablábamos de la importancia de discernir todo cuanto se capta en el cielo. Muchas veces quienes observan el cielo en estas “vigilancias nocturnas ovni” –algunos guías locales incluidos– no saben distinguir los reflejos de un Iridium, el paso de la ISS o algún efecto rebote de las luces de un pueblo cercano o de los coches de la ruta. Dicho esto, las auténticas manifestaciones de “ellos” también tienen que ponerse bajo la lupa.

Lo raro no es ver uno de esos objetos en un lugar de poder como es el Uritorco. Pasar una noche en Cuchi Corral o Los Terrones, por ejemplo, y no ser testigo de algún evento, es extraño. Como ir a un aeropuerto y no ver aviones. El asunto pasa por confirmar si esos eventos están conectados con los testigos en tierra. Y la única forma de constatarlo es con un avistamiento programado o con alguna interacción.

Algunos oportunistas que se presentan como contactados van a los lugares en donde se reportan estas “luces”. Si alguna llega a aparecer, se atribuirá el fenómeno como una confirmación de su enlace con los extraterrestres. Como digo, es distinto si el testigo posee, previamente, una coordenada de aparición; esto es, además del lugar, un horario concreto. Y lo más importante: durante la aparición del objeto debería darse algún tipo de interacción con los testigos. Hay casos reales en el Uritorco, pero también muchas confusiones y delirios.

Soy conciente de que estas experiencias en el campo despiertan un enorme interés. Me ha sucedido que cuando hemos anunciado alguna fecha de trabajo en algún lugar de poder, como Monte Perdido, Tepoztlán o Monte Shasta, algunos grupos ajenos a nosotros organizan actividades en esos lugares al poco tiempo de nuestro paso,  y otros más aventurados se la juegan a colarse el mismo día. Desde siempre, nuestra intención ha sido motivar a que cada uno viva su propia experiencia, que se pueda constatar y que de todo ello surga algo valioso. Una enseñanza. Un cambio. Pero nunca a autoengañarse y confundir a otros.

Hay lugares de poder. Centros “especiales”. Pero lo verdaderamente especial es nuestra conducta frente a todo esto.

 

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